Introducción
Al
cuestionar las concepciones y estructuras clásicas de las bibliotecas
digitales, Joint (2007) afirma que son metáforas derivadas de definiciones
clásicas de bibliotecas, y propone una redefinición que tome en cuenta los nuevos
soportes tecnológicos y sus sucesivos cambios en la forma de concebir la
información en la era posmoderna. Advierte sobre la complejidad de edificar y
clasificar una biblioteca digital con los estándares existentes, ya que el
formato y las cualidades de los objetos de información actuales, son efímeros,
y carecen de fijación; las colecciones de hipertextos, por su naturaleza
mutable, son difíciles de coleccionar.
Ciertamente, el concepto de
biblioteca digital ha sido motivo de discusión, ya que pueden llegar a
representar una colección organizada de documentos almacenados en formato
digital, que a su vez ofrecen los servicios de búsqueda y recuperación de
información (Martínez, 2007). Otra de las definiciones clásicas de las
bibliotecas digitales es la que sugiere la Federación de Bibliotecas Digitales
(DLB) que contempla para dichas organizaciones un abanico muy amplio de
funciones que van desde la selección, estructuración, preservación hasta la
interpretación y oferta de recursos digitales para el fácil y económico acceso
de comunidades de usuarios (Digital Library Federation, 2010).
Como se puede observar, el
desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han
traído consigo cambios interesantes en la dinámica socioeducativa. Un cambio
visible reside en los mecanismos requeridos para la búsqueda de información y
que permite a cualquier mente humana razonable construir nuevos saberes
(UNESCO, 2005). Aunque las bibliotecas digitales poseen una diversidad de
información digitalizada, a la cual se puede tener acceso, es interesante
reconocer que tanto mayor sea la cantidad de acervos electrónicos existentes,
mayor es la necesidad de contar con estrategias que faciliten su búsqueda.
Fundamentación teórico
En la actualidad, las nuevas
tecnologías educativas ofrecen importantes áreas de oportunidad para fortalecer
modelos educativos que contribuyan al acceso a nuevas formas de explorar,
representar y adquirir el conocimiento útil. En un entorno mediado por la
tecnología, un usuario competente necesita apropiarse de un código simbólico o
lenguaje significativo que le permita interactuar con los medios para localizar
los recursos. Por ello, los avances tecnológicos y la abundancia de
información, han obligado a los usuarios a establecer criterios de calidad en
el uso de las herramientas que facilitan la búsqueda de recursos pertinentes.
Esto, más que una actividad común de búsqueda de información, representa una
actividad que demanda al usuario habilidades cognitivas basadas en la cultura a
partir de la cual percibe, interpreta y se apropia de los conocimientos que
coadyuvan en la comprensión de un tema específico y en la construcción de su
propio aprendizaje (Barbero, citado por Fainholc, 2005). Para Bernhard (2002),
los procesos de búsqueda y selección de información relevante demandan al
usuario tanto habilidades para la manipulación de herramientas que facilitan la
indagación como el uso adecuado de diversos buscadores cuyos procedimientos con
frecuencia se desconocen. Una búsqueda de información relevante interpela al
usuario más experiencias cognitivas que el aprendizaje asociado con la
denominada «alfabetización informática».
Recursos bibliográficos en formato digital
En la actualidad, la tecnología
brinda una herramienta que permite el acceso a la información a través de
procesos que pueden romper barreras temporales o espaciales. Para Torres (2000)
la biblioteca del futuro es pensada como un espacio sin paredes en la que todos
los recursos pueden ser citados, reunidos y consultados desde el lugar donde se
encuentre cada usuario. Efectivamente, una biblioteca digital aloja una
colección de objetos (también llamados ítems, recursos o materiales) entre los
que se pueden considerar a los libros, periódicos, documentos (por ejemplo,
páginas en formato HTML), así como diversos objetos multimedia (pinturas o
imágenes, cintas o archivos de vídeo, etc.) (Sharon y Frank, 2000). Por lo
cual, establecer las bases de un modelo para evaluar recursos bibliográficos en
formato electrónico, requiere tomar en consideración las cualidades de los
objetos de información en formato electrónico. Debido a sus dinámicas
características, cada vez resulta más difícil establecer criterios para la
clasificación de los recursos en una biblioteca digital; por ejemplo, las
colecciones de hipertextos, difícilmente pueden ser coleccionados porque
constituyen referentes infinitos; tampoco pueden ser determinados debido a su
naturaleza mutable. Analizar las características de los recursos digitales
implica también revisar la calidad de los mismos. Como se puede observar, una
clasificación tipológica de recursos bibliográficos en formato digital, es una
tarea compleja, debido a los continuos cambios que se producen en un entorno
tan dinámico.
Indicadores para la evaluación de recursos bibliográficos
En la actualidad, los nuevos
soportes, e incluso los nuevos objetos de información, han obligado a
establecer nuevos sistemas de referencia que generalmente son adaptaciones de
las normas utilizadas en los materiales bibliográficos. Para Marquès (2003),
los recursos son materiales que integran diversos elementos textuales
(secuenciales e hipertextuales) y audiovisuales (gráficos, sonido, vídeo,
animaciones, etc.) y que pueden resultar útiles en los contextos educativos. Al
evaluar la calidad de los recursos en formato sugiere considerar los siguientes
parámetros: a) aspectos pedagógicos, b) aspectos funcionales y c) aspectos
técnicos y estéticos. De acuerdo a Merlo (2003) el proceso de evaluación de los
recursos de información en formato electrónico requiere de una planificación
concreta que involucra cuatro elementos clave:
• Parámetros: aspectos
genéricos que serán evaluados. Se trata de establecer bloques sobre lo que se
realizará en el análisis y los cuales serán desarrollados en indicadores
concretos que dan la información necesaria para cada uno de estos grupos.
• Indicadores:
elementos que desarrollan cada uno de los parámetros establecidos para el
análisis de la información. Son las cuestiones concretas que se evaluarán.
• Procedimientos:
métodos que se emplean para hacer efectiva la aplicación de parámetros e
indicadores. En el proceso de evaluación presenta un menor grado en cuanto a
aportaciones teóricas, ya que solo hay propuestas aisladas y parciales.
• Recursos: objetos necesarios
para el proceso de evaluación. Conociendo qué aspectos serán evaluados y cómo
se procederá a su análisis, para eso será necesario establecer qué medios
humanos, instrumentales y documentales son necesarios.
En la búsqueda y selección de
recursos que busquen fortalecer los procesos de enseñanza-aprendizaje, Ochoa
(2007) sugiere considerar:
• Calidad, profundidad
y utilidad del contenido: claro reconocimiento del contenido, apropiado para la
audiencia prevista; ligas apropiadas a otros sitios.
• Referencias listas:
amplia perspectiva de un tema en particular; utilidad de referencias para
contestar preguntas específicas.
• Unicidad en el contenido: recursos como un todo; creatividad; útil en una variedad
de ajustes de las referencias.
• Modernidad del contenido: actualizaciones con frecuencia; apropiado para el tema.
• Autoridad del productor: autoridad y legalidad indicadas claramente; explicación de
antecedentes y propósito de la organización.
• Facilidad de empleo:
diseño amigable; navegación sencilla; motor de búsqueda atractivo en el diseño
gráfico; generar información en forma rápida.
• Servicio al cliente:
contactos responsivos; direcciones de correo electrónico correctas; respuestas
y atención de dudas.
• Eficacia: descarga
de páginas optimizadas; plug-in disponibles; servidor rápido y confiable.
• Uso apropiado de la web como un medio: componentes integrados (audio, vídeo, texto, etc.); uso
efectivo de nuevas tecnologías; información útil disponible.
Conclusión
Asegurar la calidad de la educación, implica diseñar parámetros,
variables e indicadores estándares para la evaluación de recursos electrónicos
de las bibliotecas digitales. El desarrollo de acervos bibliográficos de
formato electrónico para la educación básica contribuye significativamente
porque permiten contar con espacios que alojan información confiable y
pertinente.
En lo pedagógico, los recursos deben motivar al estudiante a la
indagación y estimular la creatividad, toda vez que su entorno sea dinámico y
llamativo. Por tanto, es imperativo que los contenidos se sustenten en
propósitos educativos, esto favorecerá que los recursos aseguren las
características y diversidad de los usuarios para contribuir a variadas interacciones
de riqueza cognitiva. El valor agregado de los recursos debe estar en la
capacidad de retroalimentar los aprendizajes.
En cuanto al aspecto funcional, los recursos educativos de formato
electrónico deben ser fáciles de usar y proporcionar al usuario autonomía y
control en la interacción con el recurso. Para esto es necesario que los
objetos electrónicos permitan hacer ajustes técnicos, modificar contenidos de
acuerdo a la capacidad cognitiva de los estudiantes, ofrecer instrucciones
claras y un sistema de ayuda.
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